La tríada del desvelo: Ansiedad, estrés y depresión
Es frecuente que el insomnio sea un síntoma secundario de cuadros de ansiedad o niveles elevados de estrés crónico. Cuando la mente no logra desconectarse, la vigilia se alimenta de pensamientos intrusivos que pueden escalar hasta provocar ataques de pánico nocturnos. Asimismo, un estado de depresión o una tristeza persistente suelen alterar los ritmos circadianos, provocando despertares precoces o una sensación de agotamiento constante que no se alivia con el reposo.


